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domingo, 21 de junio de 2020

San Juan

San Juan

Las religiones antiguas daban una gran importancia al comienzo y final de las estaciones, que marcaban su cosecha y ritmo de trabajo, y al fuego. Por ello, la proximidad del solsticio de verano y la presencia de hogueras no parece ser algo casual. Aunque puede asociarse con la cultura celta y no es descabellado pensar que fueron ellos quienes popularizaron esta celebración, las llamas eran un poderoso símbolo de purificación o fertilidad, entre otros. Durante esa noche se celebraban rituales que buscaban atraer la buena suerte, espantar a los espíritus malignos, asegurar las cosechas o aumentar la fertilidad de las mujeres.
Un romance astronómico
Pero ¿cuál era el motivo de celebración aquella noche? Una de las teorías sostiene que, ya que a partir del solsticio de verano los días se van acortando cada vez más, la reunión en torno a las hogueras buscaba extender el máximo tiempo posible la presencia de luz y dar ánimos al Sol, que iría agotándose hasta volver con las fuerzas restauradas en el solsticio de invierno para estirar los días de nuevo. Otra teoría posible es que existía la creencia de que el gran astro estaba enamorado de la Luna (o de la Tierra, según a quién se pregunte), por lo que en el solsticio de verano se negaba a abandonar a su amada. Así, la noche más corta del año sería la fecha idónea para que la gente celebrase su amor y se explicaría el elemento romántico que parecía existir en torno a la actual Noche de San Juan. Esta explicación hace que cobren más sentido los encantamientos y rituales relacionados con la fertilidad y el amor.

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